FORO MOVILIDAD 4.0: Nuevas generaciones, nuevas miradas: liderazgo joven y femenino como motor de la transición energética en Uruguay

“La transición energética no se da sola: requiere visión, planificación, conocimiento técnico y, sobre todo, liderazgo”, señaló María Camacho, moderadora del panel “Nuevas Generaciones y Liderazgo en la Transición Energética”, durante el Foro Movilidad 4.0 en EXPOCARGA 2025. Con esa premisa se abrió un espacio de diálogo que puso en el centro a quienes están redefiniendo el presente y el futuro del sector energético y de la movilidad sostenible en Uruguay.
El panel reunió a referentes jóvenes, mujeres líderes, formadores técnicos y gestores de proyectos educativos que, desde distintos ámbitos, coincidieron en un mensaje común: “la transición energética solo será exitosa si es inclusiva, equitativa y construida colectivamente”.
AUME: cerrar brechas, construir comunidad
La primera intervención estuvo a cargo de Natalia Casanova, economista, magíster en Ingeniería de la Energía y coordinadora de la Comisión de Promoción y Comunicaciones de la Asociación Uruguaya de Mujeres en Energía (AUME).
“AUME nace de la necesidad de tener un espacio propio para las mujeres que trabajamos en energía, para crear lazos, compartir experiencias y crecer juntas”, explicó. “Nuestra misión es cerrar la brecha de género existente en el sector energético uruguayo”.
Casanova fue contundente al describir el contexto: “El sector energético, como en gran parte del mundo, ha sido históricamente masculinizado”. Y agregó: “Las barreras que enfrentan las mujeres no tienen que ver con capacidades, sino con el acceso a los espacios de decisión”.
Desde AUME, el trabajo se estructura en tres ejes claros: “fortalecimiento, empoderamiento y visibilización”. “Trabajamos para que las mujeres participen activamente en todas las instancias del sector, desde lo técnico hasta lo estratégico”, sostuvo.
Entre los logros destacados, mencionó la participación en más de 20 eventos nacionales e internacionales, el Community Impact Award del World Energy Council, programas de mentoría para jóvenes, capacitaciones en liderazgo y el trabajo territorial con adolescentes. “Mostrar referentes femeninos en áreas STEM cambia la percepción de lo posible”, afirmó.
Especial énfasis tuvo el Sello “+Mujeres +Energía”, otorgado a eventos que garantizan participación sustantiva de mujeres. “No es solo una foto: es una herramienta concreta de transformación cultural”, subrayó.
Liderazgo joven y adaptabilidad: el aporte de Future Energy Leaders
La mirada generacional llegó de la mano de Maira Morales, ingeniera química, secretaria del programa Futuros Líderes Energéticos (FEL) de Uruguay. “Somos parte de una generación que creció en el cambio y aprendió a adaptarse”, señaló.
“El programa busca crear un grupo diverso de jóvenes profesionales del sector energético, no solo ingenieros, sino también economistas, abogados, personas de ciencias sociales”, explicó. “La diversidad de miradas es una fortaleza, no un obstáculo”.
Morales destacó que los jóvenes aportan “mentalidad digital, conciencia socioambiental y una visión sistémica de los proyectos”. Y agregó: “Hoy no alcanza con que un proyecto sea técnicamente viable: tiene que tener sentido social y ambiental”.
Sobre los desafíos, fue clara: “Las estructuras jerárquicas muchas veces dificultan que las voces jóvenes lleguen a los espacios de decisión”. Por eso, remarcó la importancia de la mentoría real y del diálogo intergeneracional. “Necesitamos organizaciones más horizontales, que escuchen y confíen”.
Formación técnica con mirada de futuro: UTU y los Polos Tecnológicos
Desde el ámbito educativo, María Jhael Polero, directora del Polo Educativo Tecnológico Las Piedras (UTU), aportó la visión desde la formación técnica. “La educación no puede quedarse puertas adentro”, afirmó. “Tenemos que formar profesionales reales, conectados con la industria y con lo que viene”.
El Polo de Las Piedras se especializa en automotores, movilidad eléctrica e hidrógeno, con bachilleratos y carreras terciarias en autotrónica. “Nuestros estudiantes trabajan con tecnología real, con empresas reales”, explicó.
Polero destacó el rol de las mesas técnicas: “Escuchamos a la industria para adaptar los planes de estudio a las necesidades reales del mercado”. También subrayó la importancia de la educación dual: “Parte en el aula, parte en la empresa”.
Sobre la participación femenina, fue honesta: “De 120 estudiantes, apenas 8 o 9 son mujeres”. Sin embargo, destacó estrategias activas: charlas de género, referentes femeninas, trabajo con escuelas y familias. “Hay que romper el mito de que estas carreras son ‘para varones’”, afirmó. “Las mujeres tenemos un enorme potencial en estos rubros”.
Capacitación y reconversión laboral: la experiencia de CEFOMER y ETRELA
El cierre del panel estuvo a cargo de Nicolás Castromán, coordinador del proyecto ETRELA y referente del CEFOMER, con foco en capacitación operativa y reconversión laboral. “La transición energética también es una transición del trabajo”, señaló.
Castromán compartió un dato contundente: “Solo el 11% de los postulantes a nuestros cursos operativos son mujeres”. Y agregó: “En el ámbito técnico-operativo la brecha es aún mayor”.
CEFOMER ha formado trabajadores en energías renovables, movilidad eléctrica, seguridad y eficiencia energética. “Empezamos con eólica, luego movilidad eléctrica, y hoy estamos ajustándonos a una realidad que cambia rápido”, explicó.
Entre las competencias futuras más demandadas, mencionó tres áreas clave: “seguridad en vehículos eléctricos y maquinaria pesada, micromovilidad y gestión de baterías”. “La gestión de baterías va a abrir nuevos negocios y nuevas oportunidades laborales”, anticipó. También hizo una reflexión crítica: “Tenemos que jerarquizar más estos temas en los grandes eventos”. Y añadió: “La perspectiva de género y juventud no puede quedar relegada a paneles secundarios”.
Una transición que se construye con personas
A lo largo del panel, quedó claro que la transición energética no es solo tecnológica. “Es cultural, educativa y social”, resumió Camacho en el cierre.
Desde AUME, FEL, UTU y los programas de capacitación, el mensaje fue unánime: “sin mujeres, sin jóvenes y sin formación no hay transición posible”. “La electromovilidad y las energías renovables abren oportunidades inéditas”, concluyó Casanova. “No hay trayectorias únicas: toda experiencia suma”.
El panel dejó una certeza compartida: el futuro de la energía en Uruguay se está construyendo hoy, con nuevas generaciones que lideran, cuestionan y proponen un modelo más justo, inclusivo y sostenible.
Descentralización, territorio y brecha de acceso: los desafíos reales de la capacitación
Uno de los momentos más sinceros y crudos del panel llegó cuando Nicolás Castromán compartió la experiencia concreta de llevar capacitación técnica en movilidad eléctrica y energías renovables al interior del país. “Hicimos experiencias en Paysandú y en Melo, y la verdad es que nos costó un laburo bárbaro conseguir postulantes”, relató.
Aun ofreciendo incentivos concretos, como prácticas profesionales en la propia ciudad o en zonas cercanas, la respuesta fue limitada. “Incluso ofreciéndoles una práctica cerca de donde viven, nos costó mucho armar los grupos”, señaló. “Las dos experiencias nos dejaron un sabor amargo, porque el esfuerzo fue enorme y la participación fue baja”.
Castromán explicó que, en el caso de Melo, el equipo debió trasladarse con vehículos eléctricos para poder realizar las instancias prácticas. “Tuvimos que ir con vehículos eléctricos hasta Melo para dar la práctica, y aun así cuesta mucho reunir grupos”, contó.
Lejos de plantearlo como una excusa, lo asumió como parte del desafío estructural: “Cualquiera que trabaja en descentralización tiene que asumir que va a hacer cosas para menos gente, y que igual hay que hacerlo”. Y agregó: “Es parte del esfuerzo y no nos queda otra que asumirlo”.
Mujeres, formación previa y barreras invisibles
La reflexión se volvió aún más profunda al abordar la baja participación femenina. “Cuando vimos que solo el 11% de los postulantes eran mujeres, dijimos: bueno, ¿cómo hacemos?”, relató.
Castromán explicó que muchas de las mujeres interesadas provenían de sectores de baja productividad. “Muchas trabajaban en una peluquería, en una mercería, y veían un curso de solar fotovoltaica que suena muy bien, porque tiene buena prensa”, describió. “Entonces se anotaban, pero los conocimientos previos que traían no alcanzaban”.
Lejos de responsabilizar a las postulantes, fue claro en identificar el problema estructural. “No es falta de interés, es falta de herramientas previas”, afirmó.
Como posible camino, propuso una solución concreta y escalable: “Aprovechar las plataformas digitales y crear cursos MOOC como nivelación previa”. Según explicó, la idea sería ofrecer cursos introductorios obligatorios para quienes quieran acceder a capacitaciones técnicas más complejas. “El curso se produce una vez, queda disponible, y permite que mujeres y jóvenes con baja capacitación se pongan a tiro”.
“No va a solucionar el problema por completo, pero es un aporte real para mejorar ese 11% de postulantes mujeres”, sostuvo.
¿Mujeres excepcionales para acceder a lo técnico?
Una de las preguntas del público dio lugar a otra reflexión clave: si las mujeres que logran ingresar a estos cursos tienen características “excepcionales”. Castromán fue contundente: “Sí, muchas de las mujeres que ingresaron tenían perfiles muy particulares”.
Mencionó casos concretos: “Algunas venían de las Fuerzas Armadas, de la Fuerza Aérea, habían hecho cursos de mantenimiento, se subían a 80 metros de altura”. Y entonces lanzó una reflexión crítica: “No debería ser así”. “No debería ser que solo personas excepcionales puedan acceder”, afirmó. “Porque muchos varones no somos excepcionales y sin embargo ocupamos esos puestos”.
Para Castromán, exigir trayectorias extraordinarias termina siendo otra barrera. “Si para acceder a estos trabajos tenés que ser técnicamente brillante y tener capacidades blandas excepcionales, al final te quedás con muy poca gente para hacer la tarea”, advirtió.
Trabajo en equipo y más voces en la transición
En el cierre, el mensaje volvió a ser colectivo. “Es necesario seguir trabajando en equipo con las empresas privadas”, afirmó. “Entender sus necesidades, desarrollar capacidades técnicas y apoyar especialmente a jóvenes y mujeres”.
También dejó un pedido claro para el ecosistema energético y de movilidad: “Necesitamos incluir más voces: jóvenes, mujeres, personas con otras experiencias y otras miradas”.
Porque, como quedó claro a lo largo del panel, la transición energética no se construye solo con tecnología, sino con personas, territorio, formación y oportunidades reales. “Esta nueva movilidad necesita otras formas de encarar los problemas”, concluyó.
Y el desafío quedó planteado: hacer que la transición sea verdaderamente inclusiva, descentralizada y posible para muchos más.







