La CALU refuerza su trabajo para formalizar el mercado de lubricantes y avanzar en la gestión ambiental del aceite usado

Fundada en 2008, la Cámara nuclea a las principales empresas vinculadas al rubro de lubricantes en Uruguay y surgió con el objetivo de ordenar y profesionalizar una actividad que, según sus integrantes, históricamente ha convivido con altos niveles de informalidad.
“Uno de los temas que dio origen a la Cámara fue justamente la necesidad de encontrar una solución para el residuo del aceite usado junto a las autoridades de gobierno”, señalaron representantes de la Institución, destacando que durante estos 15 años se ha trabajado intensamente en materia ambiental y de capacitación.
Preocupación por la informalidad y los productos de baja calidad
Desde CALU advierten que el crecimiento de importadores y comercializadores informales ha generado nuevas dificultades en el mercado. Según indicaron, actualmente existe una importante presencia de productos de baja calidad y prácticas comerciales desleales.
La Cámara trabaja en conjunto con la Dirección Nacional de Aduanas y el Ministerio de Economía para detectar irregularidades vinculadas al contrabando, dumping y subfacturación.
“Estamos viendo productos de baja calidad que ingresan desde nuevos orígenes y que terminan perjudicando al consumidor final. Un lubricante no es solamente aceite: detrás hay desarrollo tecnológico para proteger motores, mejorar el rendimiento y extender la vida útil de los equipos”, remarcaron.
Actualmente, CALU representa aproximadamente el 60% del mercado de lubricantes del país, mientras que el restante 40% corresponde a empresas no asociadas o importadores independientes. En comparación con los primeros años del sector, el crecimiento de actores externos ha sido significativo.
El desafío ambiental del aceite usado
Uno de los principales focos de preocupación de la Cámara es la gestión del aceite lubricante usado. Según datos manejados por la Institución, en Uruguay se recupera menos del 20% del volumen total de aceite utilizado.
“Nos preocupa enormemente el destino del otro 80%. Hay aceite usado que termina en redes de saneamiento o utilizado de manera inadecuada en calderas, generando un fuerte impacto ambiental”, explicaron.
CALU elaboró un plan nacional de gestión junto a técnicos y profesionales especializados, el cual fue presentado ante el Ministerio de Ambiente. La iniciativa propone la creación de un fideicomiso que permita financiar la recolección, transporte y disposición final del residuo.
Mientras esperan la aprobación oficial, las empresas integrantes de la Cámara ya financian por cuenta propia, sistemas de recuperación de aceite usado, alcanzando aproximadamente un 10% del volumen anual comercializado en el país.
Competencia desleal y presión tributaria
Otro de los temas planteados por la Cámara es el impacto del IMESI sobre los lubricantes, un impuesto que ronda entre 1,50 y 1,60 dólares por litro y que genera una fuerte diferencia de precios con países vecinos.
Según señalaron, esta situación favorece el contrabando y las compras en ciudades fronterizas como Rivera, Río Branco o Chuy, donde muchos transportistas y automovilistas optan por realizar los cambios de aceite del lado brasileño o argentino.
“Mientras mayor es la carga impositiva, mayor es el incentivo al contrabando”, afirmaron desde la Institución.
Atención al avance de los vehículos eléctricos
La Cámara también monitorea el crecimiento del mercado de vehículos eléctricos, especialmente en el segmento de reparto y distribución urbana.
Si bien aseguran que todavía no existe un impacto significativo en el consumo de lubricantes para transporte pesado, reconocen que ya se perciben cambios en el consumo de combustibles en el sur del país, particularmente en Montevideo, Canelones y Maldonado.
“Plan Vale” y reciclaje de envases
Además del aceite usado, CALU participa activamente en el denominado “Plan Vale”, vinculado a la gestión de envases plásticos contaminados con lubricantes.
Los integrantes de la Cámara manifestaron preocupación por la situación actual del sistema y reclamaron que todas las empresas importadoras de lubricantes se adhieran al plan para evitar situaciones de competencia desleal.
“El envase también es un residuo contaminante y requiere un tratamiento adecuado. Nosotros asumimos esos costos y entendemos que todos los actores deberían hacerlo”, expresaron.
Concientización y respaldo técnico
Otro de los objetivos de la Cámara es fortalecer la comunicación con talleres mecánicos, transportistas y consumidores finales para promover el uso de lubricantes de calidad y con respaldo técnico comprobado.
“Muchas veces por ahorrar muy poco dinero se termina utilizando un producto que reduce la vida útil de motores y equipos costosos. Lo importante no es solamente el lubricante, sino el soporte técnico y la trayectoria de la empresa que está detrás”, sostuvieron.
En ese sentido, CALU mantiene vínculos de trabajo con otras organizaciones del sector automotor y del aftermarket, buscando fortalecer estándares de calidad y profesionalización.
Un mercado en transformación constante
Los representantes de la Cámara también señalaron que la industria de lubricantes evoluciona de manera permanente junto con las nuevas tecnologías de motores y sistemas industriales.
A esto se suma la incertidumbre internacional y las dificultades de abastecimiento de bases sintéticas, situación que observan con atención debido a posibles impactos futuros en costos y disponibilidad de productos.
“La industria cambia constantemente y Uruguay no está ajeno al contexto internacional. Por eso es importante trabajar unidos y mantenernos atentos a cualquier situación anormal que pueda afectar al sector”, concluyeron.





